martes, 1 de agosto de 2017

Emilia Moreno: “Valencia: pasen y vean”

Artículo de opinión de la militante de Mujeres Libres CGT publicado en Levante-EMV.

Centro de Valencia, un día cualquiera a las 8 de la mañana. La plaza del Ayuntamiento luce hermosa con su fuente, sus jardines y sus edificios modernistas. Los bajos, antes ocupados por comercios locales, algunos explotados desde hace generaciones, se han ido transformando en tiendas de las mismas cadenas que puedes encontrar en cualquier otra ciudad del mundo occidentalizado.

Siguiendo por María Cristina, comienzan a notarse los estragos de la marcha nocturna: grandes chorretones salpican las aceras, y el esfuerzo del escaso personal de limpieza no alcanza para retirar todos los residuos que han dejado las hordas del día anterior. Poco personal, muchas calles, pocos medios. Hoy al menos no toca el camión barredor que, sin nadie que preceda barriendo, deja un rastro de papeles, hojas y demás basura empapada en los rincones. Cuando pasa el camión, si no andas espabilada, tienes casi la garantía de que te mojen con agua de la que mejor no conocer su procedencia. Porque el récord de calles «limpiadas» en el menor tiempo posible no les permite pararse a esperar que nos apartemos; bien al contrario, si te entretienes solo verás una cara malhumorada que parece decirte con la mirada «vete ya».

En el Mercado Central se van abriendo los puestos y comienza el abastecimiento, traído por un cortejo de pequeños camiones y furgonetas de reparto, que pasan a tu lado sin contemplaciones. Da igual que sea un paso de cebra, un semáforo en rojo o una calle peatonal, el estrés de llegar a todos los establecimientos que les esperan, de que nadie les reclame, de ganar suficiente dinero para pagar la letra del vehículo… hace que solo vean el objetivo, pasando por encima de señales de tráfico, viandantes o cualquier otro obstáculo, insensibles a lo que les rodea? A veces temes que les dé un colapso.

Aún no hay turistas, pero todo se prepara para su recibimiento. De las cafeterías irrumpen hileras de sillas, arrastradas por un personal cuyo rostro aún refleja la larga jornada del día anterior, que van ocupando con sus terrazas el escaso espacio que se ha arrancado a los vehículos y que ingenuamente pensamos que era para caminantes. Sombrillas y tiendas de suvenires con carteles chillones y expositores imposibles rematan el decorado.

Adentrándote en el barrio del Carmen, dejas atrás el bullicio de las calles principales, y solo tropiezas con alguna que otra persona paseando el perro o que se encamina al trabajo. Su aspecto, aún relajado, te recuerda que hasta entonces no ha habido ni una sola mirada de complicidad ni una voz amistosa o un gesto amigable, parece que las sonrisas, plastificadas como los bocadillos de las cadenas que se han impuesto a las clásicas tapas de sepia con ajoaceite, se guardan para los turistas.

Valencia «Ciudad de Acogida», en cuyo Ayuntamiento se suceden las pancartas reivindicando solidaridad y apoyo a diferentes causas, día a día se va convirtiendo en una ciudad deshumanizada, explotadora y explotada por el turismo e inhabitable para sus habitantes.

Emilia Moreno

Mujeres Libres CGT